Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
-- 4a. parte--
MANHATTAN, Nueva York, 05 de octubre de 2026.- La Organización de las Naciones Unidas nació en 1945 impulsada por el magnate neoyorquino John D. Rockefeller Jr., quien donó el terreno para la sede del organismo en la Ciudad que nunca duerme. Décadas después, otro hijo de la Gran Manzana —Donald Trump, presidente 45 y 47 del país más poderoso del mundo— se alzó como su más férreo crítico, reduciéndole significativamente el apoyo económico del gobierno estadounidense, provocándole dificultades en su operación mundial.
Suspendió fondos a la OMS, recortó aportaciones a misiones de paz, presionó para reducir el presupuesto de la ONU, rompió acuerdos internacionales, se retiró de UNESCO, del Acuerdo de París, del pacto nuclear con Irán, del Consejo de Derechos Humanos, del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, del Tratado INF y del TPP.
Así, la institución de la palomita blanca, símbolo global de la diplomacia multilateral, quedó tambaleante bajo la presión del mismo país que la vio nacer con el apoyo del hombre más rico del mundo de aquella época.

John D. Rockefeller Jr
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Irónicamente quedó en medio del fuego cruzado, ya que mientras desde la Asamblea General clama por la paz, la política exterior de Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump se caracteriza por tensiones militares, sanciones, operaciones encubiertas y acciones que incrementan la inestabilidad en regiones como Medio Oriente, América, el Caribe y África.
Diversos organismos internacionales y expertos en derecho humanitario denunciaron que algunas de estas operaciones pudieron constituir violaciones graves al derecho internacional, incluyendo posibles ejecuciones extrajudiciales.
Y, pese a todo, Trump expresó indignación porque no recibió el Premio Nobel de la Paz, otorgado en Oslo, Noruega, y porque organismos internacionales cuestionaron la legalidad de algunas de sus acciones militares.
El experto Ben Saul, de Naciones Unidas, afirmó que ciertos ataques podrían considerarse “violaciones del derecho a la vida” y potencialmente “ejecuciones extrajudiciales”, según estándares del derecho internacional.
En septiembre de 2025, durante su discurso ante la Asamblea General, Trump atacó directamente a la ONU, acusándola de ineficaz, de sólo escribir cartas enérgicas, de no ayudar a resolver conflictos, de fomentar la inmigración irregular y de mentir sobre el cambio climático.
Nueva York y el mundo saben que a Trump nunca le ha gustado la ONU, porque frena o condena sus atropellos, por lo que en su primer mandato como presidente de EEUU empezó a retirarle el apoyo económico de manera progresiva desde 2017, con recortes significativos que aumentaron en 2018 y 2019.
En 2020 suspendió la entrega total de fondos a la Organización Mundial de la Salud, uno de los organismos de la ONU, así como reducciones severas a UNICEF, UNESCO, ACNUR, FAO y otros programas humanitarios.
Con la suspensión de apoyo económico debilitó programas de salud, de refugiados y de cooperación internacional, justo en 2020, uno de los años más difíciles para el mundo por la epidemia de coronavirus, que dejó 1,557,385 muertes (dato OMS, diciembre 2020), de las cuales 377,883 correspondieron a Estados Unidos.
Antes de establecerse en Nueva York, las Naciones Unidas tuvieron una vida errante. Su primer periodo de sesiones se inauguró en Londres en 1946.
Ciudades de Europa y América del Norte ofrecieron terrenos para que se ubicara en forma permanente en alguno de sus países.
Ante la demanda mundial, el 10 de diciembre de 1945 el Congreso de los Estados Unidos invitó a las Naciones Unidas a establecerse permanentemente en Nueva York, donde el empresario y filántropo estadounidense John Davison Rockefeller Sr., el hombre más rico del mundo en esa época, donó 850,000 USD para la compra del edificio actual y la ciudad de Nueva York ofreció un terreno adyacente al sitio.
De tal forma, la ONU ocupa en Nueva York un predio de 18 acres (7.5 hectáreas), equivalentes a 10 canchas de futbol profesional, que se considera territorio internacional de las Naciones Unidas.
Once arquitectos, encabezados por Wallace Harrison de Estados Unidos, diseñaron el complejo de la sede de la ONU.
La piedra angular del edificio se colocó el 24 de octubre de 1949. El 21 de agosto de 1951 el personal de la Secretaría comenzó a mudarse a sus nuevas oficinas.
La sede de la ONU tiene varios edificios interconectados: el de la Secretaría General, de 39 pisos; el de Conferencias; el de la Asamblea General y la biblioteca.
La sede de las Naciones Unidas es una de las atracciones turísticas más populares de la ciudad de Nueva York. Cada año más de un millón de visitantes de todas partes del mundo vienen a conocerla.
Para entrar al edificio de las Naciones Unidas, ubicado en 1st Avenue & 46th Street, New York, NY 10017, se tienen que pasar varios filtros de seguridad.
La visita guiada para turistas debe ser solicitada y aprobada previamente a través de un correo oficial de la ONU. Sin esta autorización es imposible entrar.
Al llegar a la puerta principal, flanqueada por 193 banderas de los Estados Miembros de la ONU y dos de los Estados observadores no miembros —Santa Sede (Vaticano) y Estado de Palestina— sumando un total de 195, los guardias de seguridad te indican que vayas al edificio de enfrente, donde otro policía revisa pasaporte y autorización de la ONU.
Si todo está en orden, te dan acceso al edificio.
Caminas por un pasillo hasta llegar a una sala donde hay varios empleados atrás de un módulo con computadoras y cámaras fotográficas, como si fuera una pequeña aduana.
Mientras haces fila para pasar al mostrador, se lee un gran letrero:
DO NOT TAKE PHOTOS
El empleado revisa la foto del pasaporte comparándola con la persona que tiene enfrente. Corrobora que los datos coincidan y que el permiso para acceder a la ONU esté en orden.
Tras una última mirada como de rayos X, ordena: “Vea a la cámara y espere.”
En menos de dos minutos extiende un gafete con la foto del visitante, nombre, fecha, el logo entre laureles y abajo: UNIHQ NEW YORK.
Al reverso se advierte que el incumplimiento de las instrucciones de seguridad de la ONU puede resultar en denegar el acceso y la revocación de todo privilegio.
¿Se tiene que regresar el gafete?
—No, es suyo, puede llevarlo como recuerdo, pero no puede publicarlo en sus redes sociales.
Al cruzar la calle, ya con el gafete, se siente una gran satisfacción de estar en un lugar de tal trascendencia para el mundo y se entienden sus medidas de seguridad.
Los vigilantes de la puerta principal escanean el gafete, revisan que no ingreses armas y tu pasaporte, en caso de ser extranjero.
Pero los filtros de seguridad no terminan ahí.
Tras cruzar una puerta de acceso en la que se lee sobre el cristal: Visitors / Visiteurs, aparece otra aduana con más filtros de seguridad, siendo la primera: DO NOT USE CELLPHONE IN THIS AREA, resaltando un dibujo de un círculo cruzando un celular.
La alfombra gris y las unifilas metálicas con cintas azules conducen a la inspección del Security Screening o Security Checkpoint; parece que llegas al aeropuerto.
Hay charolas para que pongas todas tus pertenencias. Vuelven a revisar pasaporte, revisan la acreditación, escanean el gafete, verifican una vez más la identidad, pasas por detector de metales y por rayos X.
Lo único que no pasó fue el soporte con trípode para celular, necesario para tomar fotos en los eventos y grabar entrevistas.
“Este no pasa, pero sí puede tomar fotos. Video no.”
La visita fue el 14 de agosto a medio día; la Asamblea sesiona de septiembre a diciembre de cada año, por lo que la visita fue sólo un recorrido turístico.
La oficial entrega un documento para recoger en esa misma área el bastón de fotografía y por fin da acceso a las Naciones Unidas.
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NEW YORK, NEW YORK
LA HERIDA DEL S11
De la tragedia histórica al eco de las conspiraciones |
Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
-- 3a. parte--
MANHATTAN, Nueva York, 10 de septiembre de 2026.- Los deslumbrantes escaparates, los rascacielos impresionantes, el centro financiero, cultural y de la moda global, no siempre son alegres y exitosos, tienen la memoria de una herida histórica.
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NEW YORK, NEW YORK
Muy bella, pero huele a marihuana y es desigual |
Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
-- 2a. parte--
NUEVA YORK, 07 de septiembre de 2026.- ¡Wow! Es lo mínimo que se pronuncia al salir a la superficie tras 45 minutos de viaje desde el aeropuerto JFK hasta Manhattan. Nueva York, se presenta luminosa con sus imponentes rascacielos y sus calles, evocando escenas de películas como "Manhattan" (1979), "The Avengers" (2012), "Encantada" (2007) o "Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York"(1992).
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NEW YORK, NEW YORK
Muy bella, pero huele a marihuana y es desigual |
Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
-- 1a parte --
NUEVA YORK, 31 de agosto de 2026.-
Nueva York deslumbra y contradice. La capital financiera del mundo, sede de las Naciones Unidas, cuna de los premios Pulitzer, escenario natural de innumerables películas, Distrito Federal donde se dictan sentencias contra capos del narcotráfico y políticos del mundo, como "El Chapo" Guzmán, "El Mayo" Zambada, los expresidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; de Honduras, Juan Orlando Hernández, o Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad de México, e incluso al propio Donald Trump, es una isla hermosa, pero huele a marihuana y vive una gran desigualdad social. Arriba todo brilla; abajo, en el subway (metro), todo es viejo y oscuro.
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